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Andando

Me queda un sabor perdido a tristeza y olvido, que trato de disfrazar en comentarios simples y vanos de temas sin sentido. No me entiendo ni te entiendo, tan sólo trato de reconstruir lo que no-dicho y lo que ha quedado en el tintero después de tanto tiempo. Suena en mi el coro de una canción “…un buen guerrero, no vuelve la vista atrás…” Es inevitable no querer hacerlo por más batallas que se hayan librado.

Sigo, medio en pie, pero sigo… mejor echar a andar que detenerse a contemplar la esfera de cristal semirota que ha quedado en el suelo. Mejor seguir andando e intentar no mirar lo que se queda en ese tiempo sin cambio.

P.B.

Sin aire

…sin memoria que guardar en los bolsillos que han quedado llenos ya de pendientes que deben salir en un tiempo infinito que no deja de transcurrir, y que contemplo con la inocente – acariciada – idea de que en algún momento se irá a detener.

Tengo el olvido perdido entre el cansancio y la prisa por querer que el año termine. Ha sido un buen año, muy buen año… sólo que difícil por instantes.

Ente extraño que sigo siendo, irremediablemente.

P.B.

Pensando en lo dulce…

Dante suele decir que las frutas no podrían ser consideradas como postres… yo creo que hay algunas que escapan a esta rampante clasificación de no-postre y nos deleitan con pequeños momentos de dulzura.

Las uvas, pertenecen a esta categoría. Así, sin más.

P.B.

Lo siento…

Permanece en mí, cierto aire de tristeza y melancolía.  Diría Neruda que tan corto el amor y tan largo el olvido… Tiene rato que no me encerraba tanto en mis pensamientos, sin poder enocntrar una solución a lo ya creado, a lo ya andado y que se ha quedado atrás.

Tan sólo queda decir que lo siento…

P.B.

Sucede…

…que a veces uno se la pasa hablando de tantas cosas, aparentando que sabe… que cuando llega un par de segundos para hablar de lo que en verdad sí se ha estudiado, la pregunta jamás llega. Sí, como decía Neruda, sucede…

IvonCM

Resaca de palabras…

Sentada en una esquina de mi estudio, recordaba una conversación sobre una discusión con una persona sobre un puntaje de TOEFL que alguien más debía obtener en un ejercicio de hace más de 2 semanas en promedio.  De pronto comprendì algo. Pocas personas son las que realmente hablan con honestidad. Me invadió una gran tristeza.

Tal vez es parte de mi problema, confiar demasiado. Canijo principio de “buena voluntad”…

En fin.

P.B.

Pocas veces en mi vida he sentido tanta presión como ahora; los alfileres, que en su momento me parecieron un tanto más gruesos como clavos, tratan de sujetor aquello que demanda mi pronta atención por tratarse de asuntos de GRAN urgencia.

No sé qué me parece más trivial, si lo grande o lo urgente, o la combinación de ambas palabras en un espacio tan pequeño. Por mi parte, mi mente y corazón están abocados a lo que durante tanto tiempo he considerado importante. Lo sufro… y lo disfruto en el sufrir… o por lo menos lo intento y resulta que por momentos lo disfruto mucho menos de lo que lo sufro. ¿Qué se le va a hacer? ¡Pero así es! aquellas voces importantes para mí así lo aseguran.

Hoy sonreí, encuentro un rayito de luz al final del tunel de mis palabras… ¿será que sí?

P.B.

un aire semi-frío

…me llena la boca de desencuentros entre palabras y silencios, aún en los desacuerdos existe cariño.

¡Qué se le va a hacer! Extrañarte un poco más en tu distancia

P.B.

Años…

….de cansancio y palabras acumulados sobre mis par-pa-dos…

P.B.

Hoy

Hoy sentí miedo y una soledad infinita en la sala de urgencias de uno de los hospitales de mayor renombre al poniente de la Ciudad de México, de esos que en su nombre recuerdan a una sopa de letras. No me gustan los hospitales, no son mi lugar favorito para pasar una mañana de lunes . ¡sí, lunes! – esperando resultados de análisis.

Horas, muchas horas más tarde, miro el apacible sol del atardecer inundar el departamento mientras escucho los ronquidos tranquilos de Dante en el cuarto. “Fue sólo un susto” me digo y me repito a mi misma una y otra vez, tanto a mi mente y mi corazón, como a la voz de los amigos que llaman preocupados por el teléfono móvil. Un susto, sí, que me hizo temblar de miedo al reconocer la fragilidad que en verdad somos.

“Sólo un susto…” que se me queda atrapado con un nudo en la gargante de tanto silencio que pide y da gracias por lo que permanece y tantas cosas más.

P.B.

 

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