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Hoy

…estoy melancólicamente triste, triste en mi y sin la totalidad de mi…

Intento sacudirme  con palabras a esta vieja sombra que tenía rato de no ver sujeta a mis pies.

Supongo que es porque me he detenido un poco a asomarme por el ravillo del ojo lo que ha quedado atrás…

P.B.

Tanto tiempo…

…y se siguen imponiendo con toda su investidura, completa, me atravieza; es más el tiempo mismo que les acompaña que el que yo recuerdo a su lado. Soy tan sólo un suspiro que se disuelve entre sus manos tratando de entretejer algo que raras veces termina por bien definirse.

Para mí, ha sido un rato, no mucho, jamás demasiado; quizás me reconozco a mi misma como ese suspiro que trata de encontrar su propio aliento en ustedes, al  tiempo que su silueta permanece hierática, mirándome.

Les admiro y les respeto, casi siempre, casi… Por momentos, cuando se esconden, cuando huyen, les desprecio silenciosamente en ese cuarto en donde rumio mis pensamientos amorfos, para darme cuenta que en realidad es más bien una clase de desprecio a mi misma por no poder estar con ustedes, por no saber ser con ustedes.

Sagradas ustedes que son sin nosotros, que nos usan para nombrarles pero que permanecen aún al irnos. Desdichados nosotros que intentamos acercarnos y develar en clara luz la oscuridad del vaiven de letras y espacios

P.B.

Kind of… lonely?

Wittgenstein tenía razón al decir que las palabras caían en juegos de lenguajen los que a veces no logramos comprender del todo lo que la otra persona nos está diciendo, puesto que, cabe la posibilidad de que no estemos refiriéndomes a la misma cosa. Si además de estos juegos del lenguaje, agregamos que para que nos podamos comprender debe existir la voluntad de escucha al otro, pues entonces vemos que la tarea es mucho más complicada de lo que imaginamos al principio.

Hoy, una vez más, constato, que esta voluntad de escucha es quizá el primer paso y el más difícil en la comprensión por el otro (y por mi mismo). Es difícil querer arrojarse a la incertidumbre de reconocer que no se poseé una verdad absoluta de las cosas, mientras en el día a día constatamos que esa verdad a través de la cual concebimos el mundo funciona… quizás no bien del todo, quizás sólo para algunos cuantos, quizás sólo para mi y los míos… pero funciona; ¿qué sentido tendría cuestionarla?

En silencio… pienso que jamás encontraremos una respuesta absoluta del mundo, pero tal parece que preferimos cambiar nuestra capacidad de asombro por una certeza que no nos abandone en el desierto de la incertidumbre de un cuestionamiento constante.

Es más fácil ir siempre junto al río… flotar de muertito, que atreverse a nadar.

P.B.

…un poco más lista, si fuera especial, si fuera de revista… tendría el valor de cruzar el vagón y preguntarte quién eres…

Así empieza una canción que usé el semestre pasado en una de mis clases de ética como un intento (más  que un intento, quizás como un grito armónicamente desesperado) de acercar una reflexión por el otro de una forma que mis alumnos pudieran sentir cercana a ellos… Hoy trato de convencer a más de uno que la filosofía y los estudios humanísticos tienen que ver con el mundo que hoy nos envuelve y nos atravieza.

Generalmente, me enterco en creer que así es; pero hay días en que se vuelve más complicado convencer que las humanidades tienen su importancia y su trascendencia, más allá de cosas estrictamente contables y sonantes.

Quizás si fuera un poco más guapa… y un poco más lista….

PB.

Creo que pocas veces me  he detenido a pensar en el rojo, en la luz de este tono… hace algún tiempo las luces rojas significaban el tiempo exacto para robarle un beso a alguien. Esta vez, adquirió una memoria más en mi… ver un coche que amenaza con detenerse incrustándose en mi puerta (y por qué no pensarlo, en mi cuerpo), justo cuando la luz roja ha transitado a verde frente a mis ojos… no es una de las memorias más tranquilas que me han pasado, debo decir.

Románticamente algunos dicen que en esos momentos ves pasar tu vida en instantes… yo sólo ví pasar una frase frente a mi “¡ya valió!” seguida de un “¡pero estabas en rojo!”. Un tirón que jamás sentí, un impacto que jamás escuché… después de eso, toda la furia y el estrés acumulado de la semana de trabajo estallaron… reclamando algo que se antoja absurdo, el respeto a una pequeña, finísima luz roja que tintineaba sobre el toldo de mi auto.

Yo gritando, mi interlocutora nerviosa pedía que me calmara; pero más que de enojo, gritaba de miedo, gritaba porque algo en mí no entendía del todo lo que había pasado y estaba asustada… porque en ese instante comprendí la distinción que hace Kohlberg al hablar de distintos niveles de su teoría del desarrollo de la conciencia moral; gritaba porque comprendí que esa luz roja significaba algo para mi, una utopía en mi: el cuidado por el otro. Comprendí que ese encadeniamiento entre luces verdes, amarillos y rojos lleva en sí mismo la confianza que depositamos entre nosotros del cuidado de nosotros mismos… Comprendí que, al pasarte la luz, no sólo van los intereses de llegar rápida-furiosamente a cualquier destino, también va la indiferencia hacia el otro.

Es cierto, me sentí vulnerable, fragil ante las decisiones que toma alguien más y que irremediablemente me golpean, me sacuden, me sacan de balance… Aún hay un poco de esperanza; después del choque una plática tranquila, nerviosismo compartido, miedo respirado y suspirado en una misma acera por dos corazones distintos (bueno, por tres más bien, porque junto a ella viajaba su hermano). Quizás haya quedado algo… un indicio, un recuerdo, una memoria… que por pequeña y diminuta que sea, nos devuelva la importancia de una luz roja.

PB.

Pd. Daños colaterales: coche en el taller, una semana; uso de collarín, una semana; analgésicos y desinflamantes, dos semanas; la conciencia de ver a los amigos, a tu pareja y la luz del día, un amanecer más que se agradece y sí, en verdad  que no tiene precio.

Tengo ya un rato rumiando las palabras en mi mente, ¿cuánto tiempo?, bastante, ¿suficiente? Lo dudo, de ser asì tendría las palabras en la punta de mis dedos y saldrían despedidas sin tanto depende de un cuenta gotas.

Tengo el espíritu callado de otros tiempos, vislumbro en los reflejos de otros ojos parte de recuerdos de antaño. ¿Impaciencia? Tal vez, mucha, demasiada, sì… demasiada.

Trato de encontrar la combinación perfecta, el equilibrio que traiga paz en el devenir incesante ente espacios y letras, voz y silencio, entre tú, yo, el espacio, el tiempo y un nosotros

Sólo apareces tú para decirme que nunca llegará el momento perfecto para hacer, decir o sentir, que ese momento es cada instante que se nos diluye entre los dedos. Miro tus ojos y sé que es cierto, pero aun así hay veces, que tengo     M I E D O

Dicen que el hombre es una pequeña convención de demonios; tal vez es que todavía no encuentro la forma de cómo lidiar con los míos.

En estado distante

Hoy amanecí con el espíritu distante

lejos de las palabras y mis libros

sin encontrar el camino a mis escritos

con el pensamiento disperso

incluso distiante de ti aunque te tenga a un lado

Lo más cercano son la combinación de silencio y música

un aire entre triste y melancólico me embriaga

Dudo de todo, y no con la certeza de Descartes

en su lugar, la irremediable nostalgia

saber que toda certeza, por más que se busque, se diluye.

PB.

A tu memoria…

Cada seis meses te recuerdo sin decir tu nombre; sin siquiera pronunciar quien eres, eres el centro de un diálogo con unos cuantos estudiantes.

Analizo, una vez más, dos meses y medio de nuestras vidas… quizás para no olvidarlos, para no olvidarte y no olvidarnos en el transcurrir del tiempo. Porque puede repetirse y prefiero tener una guía a mi lado si las coincidencias vuelven…

Quizás también es mi forma de rendirte un pequeño homenaje, a los momentos compartidos, a los momentos de distancia, a las frases celebres que permanecen en mi hablar cotidiano, a la sonrisa en ese cuarto de vidrio que llevo siempre en mi…

A tu memoria… esta conversación que cada seis meses tengo con tantos más, contigo abue, y conmigo misma.

Un abrazo y mi mejor sonrisa… desde acá…

PB.

Ya alguna vez me dijeron que el problema era que mi cabeza pensaba ‘en bloques’ que se siguen entre sí a una velocidad muy alta… ¿será que sí? A veces hay tantas respuestas que de momento se me ocurren a una pregunta simple, que son como escenarios que se dibujan ante ti… y al final la respuesta es tan simple como un ’sí’ o un ‘no’.

Últimamente he repelado un poco, sólo un poco. No sé si por prudencia, autoengaño o por buena educación, el silencio siempre encuentra su mejor respuesta. Supongo (ahí es donde quizás entra el autoengaño) que al final creo que las cosas podrían llegar a mejorar (un profesor diría que soy una mujer de hace dos o tres siglos… tal vez sí).

No puedo decir que esté enojada…enojada no, quizás sí molesta… seguro, muuuy cansada; el estado-de-excepción-mutante ha permanecido mucho tiempo ya en mi y creo que ya me psea. Como todo disfraz, termina por convertirse en harapos que te recuerdan una y otra vez que engrane te toca ser dentro de una gran maquinaria. Recuerdo una conversación en un aeropuerto a un par de horas de aquí, en donde alguien me decía ‘finalmente, sólo somos obreros…’ Quizás es eso lo que me tiene a disgusto, esa visión de ‘úsese y tírese’ porque de ser activos valiosos parece que no pasamos a ser personas valiosas.

Hay una moneda al aire, es cierto… y mientras gira (apostando siempre a ganar, por supuesto), trato de escuchar las sabias palabras de quien me ha guiado en todo este tiempo… es mejor ocuparse de lo que está en mis manos… tantas y tantas palabras… y dejar que las cosas fluyan.

Paciencia, divina paciencia; sólo que eso no venìa en el software de inicio ¿cierto?

PB.

Inicie el día con la película Dogville en clase… ¿la idea? hablar sobre la ‘cosificación’ del ser humano, es decir, tratar a alguien más como algo más bajo que la suela de tus zapatos… pensar que realmente está más abajo, que es insignificante, para que así nadie reclame si lo/la pisoteas.

Salí de clase con un sabor de boca distinto… tal vez, por un momento pensé que tal vez había logrado mover el símbolo de la duda entre quienes vieron  el final de Dogville. Debo confesar que no esperaba que le tomaran tanto interés al final de la película, quizás es porque se sale del final esperado… los personajes dan un vuelco y muestran parte de su condición humana; hay atrás una idea de justicia que acaricia una ilusión de responsabilidad. En el aire que arde en las cenizas de lo que en su momento fue Dogville, se respira la ansiedad del limes efímero en donde la ética se nos estanca entre el estómago y la garganta… ¿quién decide quien vive y quien muere?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿es justo que sea así?…. Para que el regalo de la Gracia que nos encuentra termine diciendo que el mundo sería un mejor lugar sin esta villa de perros que sólo saben seguir sus instintos… ¿Algún lugar en especial?, quizás todos, ninguno, los de siempre, los que se olvidan…los que prefieren ser olvidados por recordarlos duele y enfurece.

Sentimientos y razones encontradas, se entrecruzan y se dispersan con el caminar de los minutos de las horas del día. El reloj termina por marcar alrededor de las nueve y media de la noche… una sala de cine es el escenario de un nuevo lugar que se nos muestra en la pantalla… un lugar que en mi imaginario lleva ya un rato en el traspatio de mi cabeza: Ciudad Juárez

El enigma de crímenes contra mujeres no resueltos terminan por develarse ante nosotros con situaciones ‘cotidianas’ en este México en el que la tolerancia termina por acostumbrarse, termina por hacer como que mira sin mirar para no sentir responsabilidad en t oda esa mierda que se nos muestra. La cinta El traspatio muestra la vida de una Subcomandante en Ciudad Juárez, alguien que intenta resolver el enigma y capturar al chacal que anda suelto en la ciudad… para descubrir que hay más de un chacal, que es una jauría que se replica a sí misma porque saben que entre tantos, la responsabilidad se diluye, no deja huellas en el desierto…¿en verdad no las deja? Tantas muertes, no sólo en Ciudad Juárez, en Guatemala, en Buenos Aires, en Nueva York, en el Estado de México, en Oaxaca, en Chiapas… muertes ligadas a violaciones y abusos sexuales… y no son un fotomontaje… es realidad, es a lo que nos hemos acostumbrado a vivir allá afuera.

Somos testigos de como el ejército ha entrado en las calles de distintas ciudades del país… la lucha en contra de la inseguridad y el narcotráfico lo amerita todo, ya lo dijo el secretario de gobernación hace un par de días. La seguridad por encima de todo… no importa que las tanquetas pasen por encima de otros ideales propios de la sociedad teóricamente democrática en la que vivimos todos (o creemos que vivimos). Ya lo dijo Agamben, el miedo se puede convertir en el timón del soberano, y todo por garantizar un poco, un mínimo de seguridad efímera, que parezca desvanecerse ante la angustia de tantos…. seguridad a cambio de un estado-de-excepción-no-fallido.

Febrero 20, 2009

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